Periodismo en Guerrero: resistir en un territorio hostil para las mujeres

•⁠ ⁠Reporteras enfrentan violencia institucional y desigualdad en las redacciones, donde persiste el control masculino.
•⁠ ⁠La formación con enfoque feminista y la construcción de agendas comunes son retos urgentes para transformar la cobertura informativa.

Karla Galarce Sosa

Desafiar la violencia sistemática que enfrentamos las mujeres cada día resulta abrumador cuando asumo que soy reportera en México, el país más peligroso del mundo para ejercer esta profesión; y más aún, cuando lo hago desde Guerrero, una de las seis entidades con mayor violencia contra nosotras, según el Balance Anual 2022 de CIMAC.

Generar información parece una tarea titánica cuando, en esta etapa de alternancia política, autoridades de todos los niveles —hombres y mujeres— ejercen violencias que se replican sin cesar. Un ejemplo es Acapulco, donde vivo desde 1997 y que gobierna la morenista Abelina López Rodríguez, quien ha criminalizado a las víctimas en diversas ocasiones. Aunque matiza sus respuestas, ha sostenido que las personas asesinadas “no son gente común”, sugiriendo que todas las víctimas de homicidio están vinculadas con la delincuencia organizada.

Otra muestra es la política adoptada por dependencias del gobierno estatal, encabezado por la también morenista Evelyn Salgado Pineda, que evitan actos públicos para eludir cuestionamientos. En esos casos, hay bloqueos informativos: las oficinas de comunicación social impiden entrevistas improvisadas y sacan a las funcionarias por accesos alternos para evitar el contacto con la prensa.

En este contexto participé, junto con periodistas de El Salvador, Guatemala, Honduras y México, en la primera sesión nacional de la Iniciativa de Reportaje de los Derechos de las Mujeres y las Comunidades LGBTIQ+ en América Latina, que impulsa desde 2019 la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF). La académica y feminista Aimée Vega Montiel planteó la necesidad de transversalizar la información con enfoque feminista, garantizar los derechos de las y los trabajadores de medios y realizar un trabajo pedagógico, pues muchas víctimas no identifican la violencia que padecen debido a su normalización.

Vega Montiel también advirtió que en la estructura de los medios no hay paridad: las reporteras son relegadas a coberturas consideradas “de menor importancia” y excluidas de áreas clave como política o economía. Mostrar la violencia estructural y exigir al Estado que garantice la integridad de las víctimas, sostuvo, es parte del contenido que debe llegar a las audiencias.

Desigualdad en las redacciones de Guerrero
En Guerrero, como en gran parte de México, la mayoría de las reporteras trabaja en la calle o en equipos de edición, pero las decisiones editoriales, las direcciones y la propiedad de los medios siguen en manos de hombres. Esto limita nuestra participación en coberturas de temas históricamente asignados a ellos.

En Acapulco, las reporteras que cubren política, economía o fuentes gubernamentales pueden contarse con los dedos de una mano; el 70 por ciento trabaja en un solo medio, El Sur, y el resto realiza coberturas aisladas, muchas veces subordinadas a coyunturas que desplazan las agendas feministas. Los medios con equilibrio temático o perspectiva de género son excepcionales, y los convenios oficiales de publicidad benefician mayoritariamente a empresas dirigidas por hombres.

Mi experiencia en proyectos de periodismo con perspectiva de género ha sido desigual. En el más reciente, el portal Con Perspectiva, Palabra y Poder, me retiré por diferencias de estilo y objetivos, aunque quedaron mis aportaciones iniciales. Aimée Vega nos llamó a reconocer nuestros procesos de formación para poder articular agendas comunes, un planteamiento con el que coincido plenamente.

Aún estoy identificando los problemas y en proceso de deconstrucción. Nunca he trabajado fuera de Guerrero, pero creo que el momento de salir se acerca. Con la premisa de que “resistir también es vencer”, sigo sembrando, para que las generaciones futuras cosechen en un campo más igualitario.